Se puede decir que es realmente la fiesta de todo un pueblo del 13 al 16 de febrero de este año. O eso parece Barranquilla, a cada esquina, a cada portal de casa y musica, en estos cuatro dias que dura la rumba grande. Llegamos tardisimo, a eso de las 12 y media de la noche, por la demanda de pasajes entre Cartagena y esta ciudad. Por suerte nuestra amiga Margarita nos habia encontrado hospedaje en la casa de Berta, una Señora que alquila una habitacion en su propia casa, asi que estabamos en casa de familia (Carrera 64 Nº 80 creo).
Solo salimos a comer algo bien tarde y encontramos abierto un lugar donde vendian perros (panchos), asi que nos acostamos temprano porque al otro dia empezaba la fiesta. A eso del mediodia, sofocante de humedad y de pesadez de esta ciudad, pasamos a buscar a Margarita y nos fuimos al Carnaval de la 44. Hay dos carnavales aqui, o corsos, el de la 40 (claramente más ostentoso y turistico, donde estaba Uribe en el palco y sus Ministros) y el de la 44 (mas colombianisimo y barranquillero), y a este ultimo nos fuimos. Nos quedamos viendo pasar las comparsas hasta las 5 de la tarde mas o menos, cuando el cuerpo no queria mas nada de baile y rumba, y nos degustamos una pizza de primavera camino a la casa.

A esta altura debemos confesar que se comienza a sentir todo el trajin del viaje y se siente algo el cansancio, aunque no le hechemos miedo a nada. Nos bañamos y recostamos una hora y otra vez de rumba, esta vez nos fuimos a un lugar llamado "Cantagallo", muy chevere, muy lindo, con Margarita y una amiga suya Maria Teresa, y donde en una parte de la noche se hace karaoke (Matias arrugo de cantar "El dia que me quieras", ya que yo habia convencido a todo el mundo que el tipo era un gran cantante de tangos). El ron nos siguio haciendo bailar hasta las 5, cuando el cuerpo ya pide reposo y la luna rumbera que cerca el Rio Magdalena nos miraba llegar al Barrio del Golf.