miércoles, 26 de enero de 2011

Inmensidad y Mexico DF

Se escriben estas líneas camino a Guanajuato, camino a San Miguel de Allende, en un rapto de carretera rumbo norte y la ciudad de Querétaro en el horizonte. Cambiamos recorrido hacia el norte y no la baja del sur, a la recomendación de Cecilia y de nuestros mexicanos amigos. Esperamos que alcancen al alterado plan y lo mejoren. Pera ahora quiero hablar de la inmensidad. Quiero hablar de la ciudad de México. Que de tanto me dejo casi mudo.
Para ello habrá que decir, cual primero, como todo relato de apuradas, que salí de Buenos Aires en vuelo de Lan sin problemas a la vista, lo que ya es mucho decir para mis recorridos y mis siempre-eternos problemas de aviones. Ni bien llegue a la escala de Lima, ya hicimos nuestra primera humorada de viaje. Me tenía que encontrar en el Aeropuerto con Guillermo que venía de Cuzco, así que hable con un peruano del Aeropuerto fingiendo que estaba preocupado porque no encontraba a mi amigo. La conclusión fue que por los altoparlantes del Aeropuerto Chávez de Lima se escuchó llamarse a un tal "Guillote Navarro" (les dije que tenía apellido doble). "Sr. Guillote Navarro, favor de apersonarse. Lo esperan en la puerta número 21". Tenían que verlo llegar a Guille...
A la enormidad de ciudad de México llegamos a eso de las 9 (hora argentina), 6 de esta ciudad (3 horas menos). Nos fue a buscar al Aeropuerto nuestra nueva amiga Ana Luisa (siempre las Luisas en los primeros días de viaje, como mi querida amiga Luisa de la enamorada Colombia, “buen presagio”pensé) y primera complicación del viaje. El hostel reservado para la primera noche no había tomado la reservación, así que tuvimos que buscarnos hospedaje de primera noche en el barrio de Roma, cercano a la zona rosa (zona de los gays, “no coments”, por favor). Ni bien llegamos, como no podía ser de otra manera, nos bañamos y fuimos a inaugurar este viaje mexicanísimo a la Plaza Garibaldi, autentico lugar lleno de magia y de mariachis cercano al Zócalo.
Garibaldi es increíble. Surreal. De otro mundo. El aire tiene guitarrones y gritos, de José Alfredo y de Negretes, de Pedros Infantes que demuestran a cada paso la festividad de un pueblo. Plazacrecida de mariachis (no les miento si digo que vi alrededor de 100 grupos que te asaltaban con sus trajes típicos), embistiendo la ofertade auténticas interpretaciones mexicanas, de gritos y violines en el aire de una ciudad que en el primer paso que di, me beso en la rostro. Trompeteando la indolencia que empezamos a descubrir en las primeras dos horas de estancia. Surreal. De otro mundo.
Frente a la plaza está el “Bar Tenampa”. Ese mismo sitio que Ismael Serrano rumoreaba con humor respecto a sus gritos de gente, mariachis y jarochos, con su "Quedo el DF extraño sin tu amor, como el Tenampa en silencio". Auténtico "Jalisco" en el DF, como dice su frente, nos encontró rumiante y fantástico junto a nuestros amigos Ana Luisa, Alejandra (o Fernanda, como la bautizamos por error de tequila toda la noche) y Pablo, un chico argentino que vive en Denver, amigo de Ana, que nos acompañó. El Tenampasí que es México, y México, claro,sí que es el Tenampa. En propiedad. En griterío. En risotadas. En trompetas. Legítimas. Probadas. Allí nos pedimos nuestro primer "Tradicional" (tequila) y degustamos nuestras primeras cervezas: la "Montejo" (yo) y la "Pacifico" (Guille).
La mesa de lado en la taberna Jalisco era asombrosa, y los mariachis que dé a seisse acercaban tocaron toda la bateríainentendible de canciones y corridos posibles, por cerca de dos horas. Recuerdo perfectamente, entre el tequila, los tacos y el ambiente del lugar,además de mi conocida “Paloma Negra”, uno de Vicente Fernández que se llamaba "Acá entre nos" y que hablaba del presumir imposible del amor, de esa forma tan a fondo, de todo o nada, de corridas.

"Por presumir
a mis amigos les conté
que en el amor
ninguna pena me aniquila
quepa´probarles
de tus besos me olvide
y me bastaron
unos tragos de tequila.
Les platique que me encontré
con otro amor
y que en sus brazos
fui dejando de quererte
que te aborrezco
desde el día de tu traición
y que hay momentos
que he deseado hasta tu muerte”.

Despuésde un rato, unos Jarochos (mariachis de la zona caribeña de Veracruz, con un estilo más lento, bambesco) nos entonaron puras improvisaciones chistosas que complementamos con toquesitos. Estos últimos son ofrecidos por un Señor que los denomina así, “toquesitos”. El mismo pasa con una batería, te tomas de un lado y del otro del borne, y de las manos toda la mesa, y comienza a darte electricidad hasta que “ya” no puedes con la picazón. Indescriptible es poco. Y quedo corto. Y así es cada minuto de la noche tenampeña.
¿Cómo se puede ser certero con la inmensidad de una ciudad?. ¿Cómo descriptor de la totalidad con apenas unos segundos frente a una computadora y segundos de viaje que no pueden esperar?. ¿Cómo, en definitiva, procesar tanto, en tan poco tiempo?. Nos educamos de la anchura de la ciudad de Tenochtitlan en segundos de inspirar, a cada instante, el aire de dos mil y pico metros de tu altura que te pega duro por las noches. El Tenampa nos reserva la entrada y la salida de esta ciudad. Así nos juramentamos, con su magia tricolor, para la última noche.
Al otro día temprano nos volvimos al barrio de Condesa, sitio que hace normalidad en esta ciudad de contrastes y grandiosidad. Fuimos al HostelCondesa, nuestro plan inicial, atendido por un hombre bautizado (“cantado”) como “Dany Trejo” (googlear y sabrán de que actor mexicano les hablo). El sábado, previo tomada de Metro en la Estación Patriotismo, el Zócalo nos recibió con su majestuosidad de plaza, con sus colores amarronados y su Catedral, con su Palacio Nacional y su exposición de Bicentenario de la Independencia. Increíble, desde el Palacio Nacional (antigua casa de gobierno hasta la construcción de Chapultepec y los Pinos),patio colosal, de dos plantas y cielo, hasta la propia historia de este país de ansias grandes y risa franca de poblado.En el Palacio Nacional, Diego de Rivera coloreo tu historia de colonización y barbarie, de civilización y entereza, de vida y esperanza de mundo nuevo, sociedades iguales, e injusticias por dejar atrás, con su mural más famoso aquí.
Paseo Reforma, con jugos de limón y de Jamaica(dulce, rojo) incluidos, Palacio de Bellas Artes, Avenida Insurgentes (que conecta esta ciudad de norte a sur), cerveza en la Glorieta de Cibeles donde nos hicieron gritar y adoptar a los Pumas como equipo de este país para siempre (la clásica UNAM), ya con Yenny, la fantástica mama de Ana (esa que el día después de su casamiento, nos contó, se fue de luna de miel con una amiga a recorrer Colombia, dejando por supuesto a su marido esperando), y seguir la ruta gastronómicaprodigioso que acaba de empezar. Desayuno de frijoles, huevo y chilaquiles picantes, Michelada (cerveza con limón) oClamato (cerveza con tomate) para la cruda (resaca).
La comida, que no puedo dejar de degustar y merece comentario aparte, de picante (chile) inmenso, de patrimonio a la humanidad, fue en cuatro días de estancia una firme colosidad, de totalidad de probar y probar sin importar más, ni siquiera nuestros estómagos urgentes, gracias a las sugerencias y aportes de nuestros amigos mexicanos: Chicharrones de queso, Nopales (cactus), Tacos de toda clase (me gustaron mucho los tacos al pastor de “Tizancito”, antro de Avenida Tamaulipas del barrio Condesa, que te los sirven con carne de cerdo, piña, cebolla y cilantro, sitio que se jacta de tener los mejores tacos al pastor de México), y no podemos dejar de mencionar las quesadillas, el chilaquiles, los frijoles negros, los churros con lechera, la cubanísima pero aquí picante “ropa vieja”, que combinamos con el conteo de las cervezas a degustar (Victoria, Pacifico, Montejo, Modelo, Tres X, Victoria, Puebla, Corona).
Ya sin parar ni un segundo, el domingo nos depositó en el Castillo de Chapultepec. El topónimo de Chapultepec procede del idioma náhuatl que significa saltamontes, “chapul” (de ahí el Chapulín Colorado, el saltamontes rojo), y “tepec”, que viene a ser “cerro o montaña”. Su traducción entonces seria “el Cerro del Chapulín”. Esa área boscosa de la ciudad contaminada que la disfruta cual agua de desierto adquirió su fisonomía actual a partir de 1864, cuando Maximiliano y Carlota (los reyes modernos y austriacos de este país que fue Imperio) llegaron desde las Europas para gobernar el país y decidieron establecer allí su residencia imperial. Luego, claro, lo habitarían varios presidentes emanados de la Revolución Mexicana: Francisco Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y por último Abelardo Rodríguez, hasta que la residencia presidencial se trasladó a la misma área de Chapultepec pero ya con residencia propia, la conocida como “Los Pinos”.
Despuésla majestuosidad del Museo de Antropología, de la que todavía hoy no nos reponemos. Recuerdo que anote entre la inmensidad de frases mexicas y tenochtlas de los mayas, una frase que debe tener mil años: "En tanto permanezca el mundo, no acabara la fama y la gloria de México-Tenochtitlan". Apogeo entre el año 1000 ac hasta el 320 dc, más o menos, basados en la luna y no en el sol, igual que los antiguos calendarios occidentales, y usando medidas de 20 y de 13. La unidad de tiempo, el día la llamaban Kin. Vinal, 20 días. Tun, el año de 360 días. Katún, 20 años. Baktún, 20 katunes. Y finalmente 13 Baktunes, la llamada cuenta larga de 5.125 años, que era todo un ciclo. Nos retratamos junto a su famoso calendario que sumerge de civilización toda la luz de la sala maya del Museo. Esta dualidad esencial de la vida, y por tanto sagrada, cual curiosa a mi alma de aprender, parece estar presente en el carácter dual de los dioses mayas, de dos caras y a veces de dos nombres, respondiendo a los dos aspectos del universo, positivo-negativo, constructivo-destructivo, femenino-masculino. La misma fascinación y sabiduría se desprende de su concepción de las fuerzas creadoras que nacen de sus esfinges, de cultura grandiosa, ya que consideraban que surgían del pensamiento, la palabra y la voluntad la base que bañaba la visión del mundo, es decir, la dualidad movimiento-quietud, lo que hubiera encantado hasta el mismo griego Heráclito. Una cita del Chilam-Balam (fundamental documento maya) que anote en la libretaexpresa la idea muy claramente:

“Toda luna. Todo año.
Todo día. Todo viento.
Camina y pasa también.
También toda sangre llega
al lugar de su quietud”.

Tendremos a suerte de ser rápidos y desafortunados que ir concluyendo estas líneas en vivo. Ciudad que me diste amistad, ¿qué puedo decirte?.Sos sincera devoción por el pasado. Contiguos a recorrer, a disposición de uno, a disposición del tiempo, que parecen tener sus aglomeraciones, y a pesar incluso de vos misma, y tu indestructible electricidad de Metrópoli colosal. Grandiosidad de gente, de amplitud, de riqueza pobre, o digna, que es mejor. Solo un sorbo me lleve de tu pueblo gigantesco, que habitaba tus islas de sabiduría y descansaba junto a los “corazones de cielo”. Sortilegio de mexicas, de dualidad de todas las cosas, antes del tiempo de hoy. Sos capaz de proyectarse como un cuento de otra galaxia, como un espacio que deja atrás la sorpresa y se sumerge en la maravillosidad. De los memoriales de Culhuacán hallados aquí, en tus pirámides de consistorios y plazas mayores, como una advertencia al futuro, repito: “En tanto que permanezca el mundo, no acabara la fama y la gloria de México-Tenochtitlan”. Después de todo, como dice Jaime Torres Bodet, “Valor y confianza ante el porvenir. Hallan los pueblos en la grandeza de su pasado”.
El lunes despertamos y sin seguir el descanso de la noche nos fuimos al Estadio Azteca. Maneje el auto de Ana, lo que me recibió de conductor. Dicen que manejar el tráfico del DF y de New York recibe de buen conductor a cualquier ser del planeta. Ese “Coloso de Santa Úrsula”, que dio esfinge global al Diez de todos, averiguando de los fantasmas que hicieron que vengara las guerras perdidas y los poderosos, nos descubrió llegar del tráfico. Dimos por suerte con un guía que nos hizo pasar al mismísimo campo de juego, con la promesa de no entrar al mismo y mantenernos detrás de la línea de cal, en la pista de atletismo. Tocamos el césped gracias a él y a un deshabitado de lunes sin futbol, avistando de reojo ente el sol del mediodía que caía en las frentes las gambetas del Diegoabsoluto. Se puede decir que flotaban barriletes cósmicos, planetas de donde saliste, gracias inmensas en el arco norte, arco del gol del siglo. Me retrate desde donde Peter Shilton pidió socorro a tu cintura y brazo izquierdo. Que increíble estar acá, desde adentro de la gramilla de los mejores logros futbolísticos de mi país (país futbolístico si los hay) y descifrar entre el silencio de tus “gradas” el color de los buenos tiempos que espero se repitan. No hay más tiempo en este México que te sofoca.
A San Ángel la respiramos apenas unas horas la tarde de ayer lunes, pero basto para contemplar su deleite, lo mismo que Coyoacán y la pareja inmortal de Diego y Frida, que sus calles adoquinadas y sus casas bajas, coloridas y pobladas. En su Casa Azul, casi fuimos perpetuos, como esta mujer eterna y de alas, de fidelidad y de “viva la vida”. Les dejo una frase de Frida, entre sus camas con espejos y su patio de ensueño y naturaleza: “Pies pa' qué los quiero si tengo alas para volar”.
Y si de seguir con frases se trata, anote una frase risueña que nos regaló Alejandra ayer, mientras cenábamos nuestra primera cena sin chile (picante) de toda la estadía (una pizza), cuando continuábamos el sin parar de esta ciudad inmensa desde viernes a lunes. Aquí “Jueve-bes. Be-viernes. Saba-drinks. Y Dormi-ngo”. Esto último nos falta, el sin parar no acaba y se me cierran los ojos de no frenar desde el primer minutoen que las luces y el trafico eterno del DF nos electrizaron el viernes por la noche. Ya llega un tiempo de quietud, en una ciudad sin gente, sin tiempo, de San Miguel de Allende. Todo puede ser resumido en eso, y me quedo corto con esta capital de dos mundos, antiguos y actuales: ciudad inmensa, sabrosa, eléctrica detoquesitos y enchiladas, agradecerte tendríamos. Y a tus gentes, que tan bien nos recibieron,sobre todo, unas gracias más largas que la Avenida Insurgentes.

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