muere sin saberlo.
Cuando se ilumina
toda de lila.
En pleno diciembre.
A la hora más lenta.
La siesta obligada
del jacarandá".
Jaime Roos
Montevideo me recibe alumbrada de esperanza, como queriendo más. Es, después de todo, tal vez su destino, como el mirar al mar. Soplan sus olas y me alumbra un viento circular. En Durazno. Envuelven su candidez como una caricia amiga, como un gorrión que encierra en su mirar. Por Convención. Azul de enfrente. Dos barrios. Solo para el retrato, para contarte, cómo va la cuestión.
Efecto especial, nostalgia que te recuerda y proyecta mis propias dudas en el futuro. Incierta la certeza de no volver, en esta ciudad de pasado, que me trajo una canción. Compañera de un principio y un después, de estar solo, acompañado, siempre. Arcángel de tus seis cerros, de tu barrio sur sin disfraz, de tu paquetería (in)ostentosa. Argentinidad oriental y cercanía. Distancia corregida. Hora de mar. Sonando Guillen impertinente en Milanés, a la vuelta de la esquina.